Sweet Music~

domingo, 29 de diciembre de 2013

Hoy me he despertado con olor a piruletas rojas, y de corazón, claro. 
He tenido la sensación de haber soñado con una canción, 
puede que sólo con un verso (o incluso una palabra) pero que ya lo llenaba todo de sentido...
y he soñado que eras como la felicidad en un tarro de frambuesas
(o un silencio, que no quiero que te incomode).

Ha llegado un punto en que hasta me pongo de puntillas
para que mis lágrimas al caer se vayan haciendo más pequeñas hasta cruzar un beso.
Y no puedo dejar de llover mientras pierdo las palabras que dejaron de tener sentido 
cuando pasé toda una noche esperándote en la esquina en la que ibas a aparecer para quedarte.

Aún así, sigo aceptando la invitación al baile del lobo feroz,
cogiendo cerezas de las tiendas sin pagar, tomando té de menta en las teterías de la ciudad,
comiendo sugus de cortesía, posando la mirada en cualquier horizonte,
pintándome pecas, soñando despierta, persiguiendo imposibles, 
echando de menos ese olor y a mi pequeña, 
recordando lo que fue, pensando en el pasado, muriéndome por escuchar UNA voz,
 saliendo a pasear en las tardes de lluvia.. 
Descubriendo lo que nunca le importó a mis personas favoritas.

Y ahora me doy cuenta de que perdí el tiempo...
cosiendo el te quiero más bonito del mundo, a la altura del cuello.

Pero ahora tengo un sueño atado a la sonrisa...



jueves, 26 de diciembre de 2013


Leer la vida en voz alta, 
susurrarte las heridas, 
el eco del pasado. 

Silenciar futuros
y gritarle al presente
del hoy que es siempre, 
del mañana que se refugia en un "quizás",
de la incertidumbre del nunca... 

En voz alta.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Día Uno~


Parece que fue ayer cuando comencé mi "nueva vida" aquí, en Tokyo. 
La vuelta a Japón resultó complicada, después de cuatro años viviendo en Seúl, 
acostumbrada ya a sus calles, sus olores, su idioma y su gente. 

Pero echaba de menos mi país. Siempre sentí que tenía que volver al lugar 
de mis raíces, así que en cierto modo, la vuelta fue lo más fácil. 

Lo difícil fue aceptar que te fueras sin darme ninguna explicación. 

Sin ni siquiera decirme por qué. 

Me abandonaste, y abandonaste a lo que se supone que debería ser lo más 
importante de tu vida. Nos abandonaste sin un ápice de culpabilidad. 

Durante un largo tiempo pensé que no iba a volver a sonreír. 

Ha pasado ya más de un año y parece que por fin la vida quiere darme
otra oportunidad para ser feliz. 
Y aunque no confíe del todo, tengo una buena corazonada. 

Poco a poco el rastro que dejaste en mí se va borrando.
Como las letras escritas sobre la arena en la playa. 

El mar borra esas letras en la arena mientras el cielo mira. 

¿Y sabes? 

Tiene el mar y el cielo en los ojos.